El hombre que vencio dos veces a la muerte
Era una tarde clara,
fria como una moneda,
callada como la noche,
amarga, dura y estrecha.
Eentre las suaves colinas
al abrigo de las sierras
como dagas los arados
rasgan con saña la tierra.
Mientras el sol se despide,
la noche paciente espera
que en un ocaso de sangre,
la luz vacilante muera.
Mas como esperanza vaga,
como incumplida promesa
recortó en el horizonte
una intrigante silueta.
El hombre deja su arado
levantando la cabeza
observa erguido al jinete
que viste con capa negra.
Es una dama orgullosa
altiva pero discreta,
que despues de veinte años
ansiaba cobrar su deuda,
su deuda de derrotada
vencida sobre la arena;
juró que un dia volveria,
y es tiempo que lo cumpliera.
La noche tiñe los campos
la brisa arrastra hojas secas
pero en el aire se nota
una macabra presencia,
no se ve pero esta ahí,
ronda la casa y espera
la noche oculta su cuerpo
el viento borra su huella.
Amanece hoy sin prisa
el alba es agria y espesa
no hay escarcha en las tejados
ni rocio sobre la hierba.
El hombre sale temprano
tiene una cita secreta
con una oscura amazona
que siempre que busca encuentra.
Está sentada y tranquila
al fresco de la rivera
parece que dormitara
entre sus ropas envuelta.
"Juraste que volverias
para vengar una ofensa,
yo te entrego aquí mi vida
que un dia logré no tuvieras.
"No he venido por tu vida
que ya está gastada y vieja
y llevandomela ahora
no quedaria satisfecha;
he venido por tu hija
que tiene la carne fresca,
pues jure que tomaria
aquello que mas quisieras.
¡Oh muerte se generosa¡
dejame una noche entera
para mimarla un poquito
y despedirme de ella.
No escucho lo que me dices
y apenas cuando anochezca
pasaré por tu cabaña
para recoger mi presa.
Con el pasado arrastrando
el hombre a casa regresa,
y contempla a su hija
mientras enciende la hoguera
el tiempo se va escapando
y apenas dos horas quedan
para que la muerte llegue
macabra, vil y severa.
No puede escapar tan pronto,
la muerte vigila cerca
y si esperase a la noche
ya no podria detenerla.
Apenas se va la luz,
la bestia coge la senda
y cuando llega a la casa
se para, juzga y observa.
Desde el alar de la torre,
su rival salta y no vuela
y como el pesado plomo
se clava contra la tierra.
La muerte recoge al hombre
entre sus garras lo apresa,
mientras escucha un caballo
que escapa por la vereda,
exclama una maldición
pues no intuyo la sorpresa
y sabiendose burlada
solloza sobre las piedras.
El hombre al morir sonrie
pues ha merecido la pena
la muerte buscó venganza
y otra vez logró vencerla.



